Por Alejandra Ruibal (*)
Los Sueños de la Razón y el Espejo Roto.
Francisco de Goya (Siglo XVIII) advirtió en uno de sus grabados más célebres que «los sueños de la razón producen monstruos». Hoy, en los albores del capitalismo de plataformas, cabe preguntarse qué monstruosidades engendra la razón algorítmica y qué suelos morales pisamos, parafraseando a Sibilia (2026) cuando la piel se desmaterializa en la pantalla.
La palabra «monstruo», en su raíz latina monstrum, guarda una inquietante dualidad: proviene de monere (advertir, presagiar) y de monstrare (exhibir, hacer visible). El monstruo es aquello que se sale del orden regular de la naturaleza para revelar, precisamente en su deformidad, lo que la cultura intenta mantener secreto. En la actualidad, el monstruo no habita debajo de la cama; se desliza a través del brillo de las pantallas y habita la intemperie de las redes discursivas. Paul B. Preciado (2020), al tomar la palabra frente a los guardianes del saber clínico, sentenció: «Yo soy el monstruo que os habla. El monstruo que vosotros mismos habéis construido con vuestro discurso y vuestras prácticas».
Si mostrar lo monstruoso es desocultar aquello que en una cultura debe permanecer invisible. (Fernández, 2013)¿Qué nos muestran lasadolescencias hoy?
El advenimiento de la pubertad siempre ha sido un oleaje tempestuoso que sacude los cimientos del psiquismo. El despertar de lo puberal, supone un trabajo arduo de inscripción y metabolización del cuerpo genitalizado, que exige la mirada del semejante para confirmarse en el misterio de la propia existencia. En el devenir adolescente, el sujeto está llamado a una labor paradójica: cambiar y continuar siendo el mismo. Para lograrlo, debe desinvestir lo familiar y aventurarse en lo extrafamiliar, persiguiendo un proyecto identificatorio que propicie el traslado del yo ideal infantil hacia el horizonte del ideal del yo en nuevas investiduras.
¿Qué ideales tienen a disposición lxs adolescentes de nuestro tiempo?
La Tiranía de la Visibilidad: del Ocultamiento Moderno al Cinismo Impúdico.
Mucho antes de que los algoritmos gobernaran el lazo social, Guy Debord (1967) describió la deriva de la cultura capitalista como una «Sociedad del Espectáculo», un orden donde la imagen sustituye al ser y otorga un sentido ficcional a la vida misma. Años más tarde, Byung-Chul Han (2013) profundizó este diagnóstico en su libro “La sociedad de la transparencia” denunciando: “La economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición (…) La absolutización del valor de exposición se manifiesta como una tiranía de la visibilidad”. Lo problemático no es el exceso de imágenes, sino la obligación icónica de transformarse uno mismo en imagen. La comunicación visual contemporánea opera como un contagio, reflejo o desahogo, que en ocasiones funciona como canal de descarga de la violencia social imperante y de pertenencia aspiracional. (Ruibal, 2025)
Bajo estas premisas, los límites tradicionales del pudor y la vergüenza se erosionan tempranamente. El Smartphone se erige como un fetiche absoluto, un objeto de completud narcisista indispensable para el consumidor serial que el mercado requiere. Es en este escenario, como plantea Cesar Hazaki (2019), que el sexting —que nació como una revuelta juvenil orientada a transgredir los códigos sociales establecidos— fue rápidamente capturado por la placenta mediática y las máquinas de comunicar, transformándose en un objeto de consumo masivo. Produciéndose un pasaje del “resguardo moderno” (1) a la era de la extimidad: el imperativo de arrojar a la luz pública todo aquello que antes formaba parte del pliegue íntimo, desprovisto de velos.
Esta mutación altera de manera directa el desarrollo psíquico. Piera Aulagnier (1986) postuló «el derecho al secreto como condición para poder pensar». El Yo necesita de un espacio de reserva inaccesible al Otro para fundar su autonomía y construir pensamientos íntimos. Sin embargo, la lógica de las plataformas destruye esta condición, obligando a una performance continua donde el misterio y la duda son sustituidos por un “no-tiempo” que anula la posibilidad de hacer experiencia.
Paula Sibilia (2022) señala que estamos transitando un desplazamiento del suelo moral moderno, regido por la neurosis del «yo debo» -donde operaban la culpa y el Superyó- hacia un suelo moral cínico gobernado por el «yo quiero» y el «yo me lo merezco». La represión moderna ha sido sustituida por el mandato de la excitación y la exposición permanentes. Cuando el «yo» se autopromociona sin pausas, deviene una subjetividad lisa, insensible, desprovista de hondura y crónicamente insatisfecha, puesto que el mercado necesita sujetos insatisfechos por definición para sostener el engranaje del consumo.
Hoy, lo monstruoso nos acecha no como una anomalía biológica, sino como una mutación subjetiva.
Las adolescencias actuales, capturadas en la red del capital, se encuentran ante una encrucijada trágica: resistir en su devenir subjetivante o verse empujadas hacia una subjetividad formateada por la tiranía de la transparencia y la expropiación del pudor, la compulsión al consumo, la monetización de la experiencia vital y la desestimación del otro como semejante. (Ruibal, 2023)
La Cofradía y la Máquina: Cuando la Inteligencia Artificial Monetiza la Intimidad.
El reciente y doloroso episodio acontecido en la Escuela Carlos Pellegrini y en el Colegio Nacional de Buenos Aires condensa estas derivas con una nitidez espantosa. Un grupo de estudiantes varones de apenas 13 y 14 años utilizó software de Inteligencia Artificial para alterar fotografías de sus compañeras de curso, desnudarlas digitalmente y comercializar el material en redes de mensajería. En los bancos de las aulas quedó inscripta una amenaza que condensa el espíritu cínico de la época: “Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas”.
Este hecho no puede leerse como un «chiste» o un delito aislado, sino como la cristalización de lo que Rita Segato (2016) teoriza como la «pedagogía de la crueldad». Esta pedagogía habitúa a los sujetos a tratar los cuerpos y la vida como objetos comercializables y desechables, entrenando para la indiferencia y anulando la empatía. La Inteligencia Artificial no hace más que abaratar el costo de la violencia, permitiendo una deshumanización exprés y automatizada que neutraliza la sensibilidad al distanciar al agresor del sufrimiento real de la víctima.
Asimismo, el hecho de compartir y vender las imágenes apócrifas en la clandestinidad de chats grupales responde estrictamente al mandato de masculinidad y no al deseo sexual (Segato, 2022). Los agresores no actúan en soledad, sino ante un «tribunal de pares» o cofradía masculina, donde la vulneración del cuerpo femenino se ofrece como tributo o moneda de cambio para adquirir estatus, potencia y validación grupal. Aquellos que participan como espectadores silenciosos callan bajo la presión de ser expulsados de dicha corporación, anteponiendo el pacto de varones a la empatía hacia sus compañeras de banco.
Como señala Segato, la pedagogía de la crueldad destruye los lazos humanos al entrenar a las subjetividades para la insensibilidad y la apatía, convirtiendo la vitalidad de la existencia en algo inerte, medible y descartable.
Intervenciones Subjetivantes: Tiempos de Historización frente a la inmediatez.
Donald Winnicott (1986) enseñó que el ser humano nace con potenciales heredados que solo cobran vida si encuentran un medio ambiente receptor suficientemente bueno. En los inicios, la agresividad es sinónimo de vitalidad y empuje libidinal. Es la supervivencia del objeto significativo frente al ataque del niño —un objeto que no desaparece ni se venga— lo que le permite a este descubrir la exterioridad del mundo y edificar la preocupación por el otro. Si el entorno invade precozmente al infante o no convalida sus gestos espontáneos, se obstaculiza la instalación de la alteridad, forzando la emergencia de un falso self adaptativo o de tendencias antisociales. En una época que satura la subjetividad con satisfacciones virtuales ilimitadas, la falta de una desilusión oportuna dificulta enormemente el acceso a la realidad compartida.
Frente al advenimiento del trauma puberal, el psiquismo requiere tiempos de quietud, elaboración y en ocasiones de aparente aislamiento o aburrimiento para procesar la revolución intrapsíquica. Piera Aulagnier (1975) indicaba la necesidad de que el adolescente realice una «autobiografía», un trabajo permanente de historización que le permita enlazarse a su pasado, habitar su presente y proyectar un porvenir factible a través del equilibrio entre el principio de cambio y el de permanencia. Para René Kaës (1993), el apuntalamiento que ofrecen ciertas identificaciones alrededor del cuerpo, del sí mismo, del otro y de los grupos constituyen el soporte narcisista fundamental, cuando estas son conmovidas por lo traumático, se desata una crisis que requiere de una necesaria reconfiguración para el advenimiento de una nueva posición subjetiva.
No obstante, la temporalidad neoliberal conspira contra esta elaboración. Al decir de Byung-Chul Han (2017), la crisis actual no estriba en la aceleración, sino en la totalización del tiempo del yo, una política temporal que elimina el tiempo del otro por considerarlo improductivo. La sociedad del cansancio, como la define Han, es una sociedad sorda; donde Internet se reduce a una caja de resonancia del yo aislado y la capacidad de escuchar mengua de manera radical.
Dando lugar a lo más absurdo de lo epocal: cuanto más conectados, más aislados.
De tal modo, que escuchar se torna un acto político y ético fundamental, pues constituye el don de dar la bienvenida al semejante en su radical alteridad. Sin una comunidad de oyentes, al decir de Han, el sufrimiento juvenil se repliega en la soledad, trocando el dolor psíquico en pánico, caos o depresión.
La Escuela como Territorio de Resistencia y Pedagogía de la Sensibilidad.
La escuela se presenta aquí como un territorio político de resistencia indispensable. En tiempos de algoritmos que segregan y refuerzan el solipsismo, Inés Dussel (2025) nos recuerda que “enseñar es disponer un mundo compartido para hacerlo habitable y legible. La escuela no es una experiencia a medida del marketing digital; por el contrario, la escuela amplía el deseo al proponer lo inesperado, aquello que el joven no sabía que podía necesitar. Es el “gesto docente” el que interrumpe la plataforma digital, divisando una potencia no evidente en el alumno y afirmando colectivamente: “Esto es para vos”. La escuela representa el único espacio capaz de trabajar en masa, uno por uno, enlazando lo común y lo singular.”
Recuperar la dimensión instituyente de las prácticas nos conduce a Julia Kristeva (1998) y su reivindicación de la revuelta como movimiento instituyente indispensable tanto para de la intimidad subjetiva como para del campo sociocultural. Ligada al proyecto de autonomía definido por Cornelius Castoriadis (1983), la “cultura-revuelta” es sinónimo de libertad, creatividad y elaboración colectiva del sufrimiento social. La ausencia de esta dimensión abre las puertas a la barbarie y a la robotización de la humanidad.
Contra el desamparo de la intemperie digital, Rita Segato (2022) nos convoca a defender una pedagogía de la sensibilidad, recuperar el placer de la proximidad, la ternura y el cuidado mutuo.
En sintonía, aparecieron las respuestas comunitarias de los propios Centros de estudiantes de las escuelas mencionadas, que, ante la violencia virtual, respondieron organizando asambleas, ruidazos y lazos de solidaridad intercolegial. Desde un verdadero posicionamiento ético de una contra-pedagogía de la crueldad, pusieron el cuerpo real para detener la impunidad de la virtualidad, interrumpiendo los mandatos de género y disputando el sentido de la convivencia.
Contra la intemperie de un presente que lo expone y lo justifica todo bajo la lógica del cinismo, los lazos de cuidado mutuo abren una hendidura de luz.
Allí radica el reverso de la barbarie. Urge defender la lógica de la esperanza: aquella que se afirma en la pulsión de vida, para transformar el espanto monstruoso de la época en potencia deseante y colectiva.
(1) Aludimos a lo que Paula Sibilia (2022) conceptualiza como La lógica de la hipocresía en la modernidad,donde existía una clara distinción entre el espacio público y la intimidad. Las transgresiones a la norma ocurrían de forma oculta. La hipocresía funcionaba como un mecanismo para salvar las apariencias y sostener el respeto formal a las instituciones y las leyes. En contraposición a La lógica del cinismo actual, donde a diferencia del hipócrita (que esconde su falta), el cínico actual muestra la transgresión abiertamente porque ya no le interesan las reglas ni el cuidado del otro. Todo se expone, todo se dice y todo se justifica en una especie de exhibicionismo impúdico.
Bibliografía:
-Aulagnier, P. (1986). Un intérprete en busca de sentido, México, Siglo XXI.
-Aulagnier, P. (1975). La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado. Buenos Aires, Amorrortu.
-Castoriadis, C. (1983). La institución imaginaria de la sociedad, Buenos Aires, Tusquets.
-Debord, G. (1967). La Sociedad del Espectáculo. En Revista Observaciones Filosóficas. Madrid.
-Dussel, I. (2025). El oficio de educar en tiempos digitales. En Faro Digital.
https://farodigital.org/el-oficio-de-educar-en-tiempos-digitales/
-Fernández, A.M. (2013). La diferencia desquiciada. Buenos Aires, Biblos.
-Han, B-Ch. (2017). La expulsión de lo distinto. Barcelona. Herder.
-Han, B-Ch. (2013). La sociedad de la transparencia. Barcelona. Herder.
-Hazaki, C. (2019). Modo Cyborg. Niños, adolescentes y familias en un mundo virtual. Buenos Aires. Editorial Topía.
-Kaës, R. (1993). El grupo y el sujeto del grupo. Elementos para una teoría psicoanalítica del grupo. Buenos Aires, Amorrortu.
-Kristeva, J. (1998). Sentido y sinsentido de la revuelta. Literatura y psicoanálisis. Buenos Aires, Eudeba.
-Preciado, P. B. (2020). Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas. Barcelona. Anagrama.
-Ruibal, A. (2025). Comentarios del Caso Tomás. En Cuestiones de Infancia. Revista de psicoanálisis con niños y adolescentes “Redes y Tecnologías en juego en niños y adolescentes. Reflexiones desde la Clínica.” Vol.26, Nº2. https://publicacionescientificas.uces.edu.ar/index.php/infancia/article/view/1991/1987
-Ruibal, A. (2023). Adolescencias complejas: hacia la construcción de devenires subjetivantes en los dispositivos clínicos. En Revista Actualidad Psicológica, Periódico Mensual abril (Nº527). Buenos Aires. https://www.actualidadpsicologica.com/producto/infancias-y-adolescencias-complejas-no-527-abril-2023/
-Sibilia, P. (2026). Inteligencia Artificial: sus efectos en los vínculos y en la educación. En el Curso de Actualización Profesional 2026 de Forum Infancias CABA. Recuperado en
https://foruminfancias.com.ar/curso-de-actualizacion-profesional-2026/
-Sibilia, P. (2022). El Malestar de la (In)civilización: desplazamientos del suelo moral en tiempos de posverdad. EnelCiclo Malestar en la Cultura de la AAPPG. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=KmjGnsPKdYk
-Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Buenos Aires. Prometeo.
-Segato, R. (2022). Crueldad: pedagogías y contra-pedagogías. Publicado en el portal digital Lobo Suelto. Recuperado en
https://lobosuelto.com/crueldad-pedagogias-y-contra-pedagogias-rita-segato/
-Winnicott, D. (1986) Realidad y Juego. Buenos Aires. Gedisa.
*Alejandra Ruibal. Psicóloga UBA. Psicoanalista. Especialista en Psicología Clínica. Miembro de la Asociación Civil Forum Infancias. Profesora Titular en la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Adolescentes (UCES – APBA) en las Asignaturas “Adolescencias Complejas: abordajes y dispositivos en el campo clínico, educativo y comunitario. Prácticas subjetivantes” y “Psicopatología de la Adolescencia”. Fue Docente universitaria de Grado y Posgrado, Facultad de Psicología, UBA. Fue Profesional de la Salud Pública de la Ciudad de Buenos Aires en Centro de Salud Mental N°1 «Dr. Hugo Rosarios», coordinando el Equipo de Adolescentes. Fue Directora Docente de Posgrados sobre Adolescencias, en la DGSM, GCBA. Ha publicado e intervenido en actividades científicas de la especialidad en diversos foros, congresos y jornadas de diferentes instituciones y medios.