Por Marta Fernández Boccardo (1)
Si retomamos la famosa frase de Antonio Gramsci: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos»…nos preguntamos a quienes calificaríamos de monstruos en nuestra actual sociedad.
El filósofo se refería a que cuando el sistema político, social o cultural tradicional pierde su capacidad de dominio y legitimidad, y la nueva alternativa aún no tiene la fuerza suficiente para reemplazarlo, se produce un espacio de transición e incertidumbre, que es el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de los monstruos. Para Gramsci, estos monstruos, son fenómenos políticos destructivos, como el fascismo y el nazismo, y/o respuestas autoritarias, que se alimentan del miedo, la desesperanza y la desorientación de las masas (Gramsci, 1981). Es evidente que actualmente estamos viviendo una situación a nivel global, similar a la planteada por Gramsci, a la cual numerosos autores nominan como la crisis global del capitalismo neoliberal y, donde están apareciendo tendencias fascistas, tanto en países europeos como en América Latina.
En Argentina, ganó las elecciones presidenciales de 2023, un candidato al que se podría calificar como monstruoso: Javier Milei. Como en muchos otros países y debido al auge de las nuevas tecnologías, las redes sociales y los medios de comunicación en manos de la ultraderecha, Milei se dio a conocer como panelista de programas televisivos, desde donde realizó su campaña en las redes fundamentada en lo nuevo, fuera de todo partido político tradicional y de la casta política, a la cual adjudica que llevó al país al supuesto caos actual. Lo curioso de la elección es que desde un principio este sujeto, se presentó como un violento, insultando, amenazando, portando una motosierra con la cual destruiría al Estado, el cual es el causante de todos los males que padece la población.
Mi pregunta no es tanto por la monstruosidad del candidato, sino por la de los votantes, siguiendo el principio de que: la culpa no la tiene el chancho sino el que le da de comer. Y aquí muchxs le dieron de comer, y además lo eligieron presidente. Un presidente que carece de los valores y atributos que supuestamente debe poseer aquel en cuyas manos está el destino de millones de personas: equilibrio psíquico, empatía con lxs otrxs, diplomacia, sensibilidad social, ecuanimidad, cultura general y otros valores que siempre -hasta ahora-se pretendieron para estadistas que gobiernan naciones.
Es un secreto a voces que muchos piensan que Milei, padece de trastornos psíquicos, ya que se jacta de hablar con perros muertos, de ser el elegido de Dios, de odiar a los opositores y a otros grupos de la población a los cuales menosprecia públicamente, como a los jubilados a quienes calificó de viejos meados, los discapacitados, las disidencias sexo-genéricas, las feministas, entre otros. Si consideramos que la monstruosidad, está dada por la brutalidad, la agresividad, la violencia, el odio, la falta de empatía y de solidaridad, estamos ante millones de monstruos.
Según Hanna Arendt, en su texto sobre el juicio al criminal nazi Adolf Eichmann, éste no era un monstruo, sino un burócrata mediocre e irreflexivo que se limitaba a obedecer órdenes sin cuestionar su moralidad. Arent, dejó en claro que el acusado no era un monstruo, sino uno más entre tantos burócratas del nazismo, un hombre ordinario, en apariencia inofensivo, que mostró ser muy eficiente en las tareas que se le encomendaban. (Arent, 2003).
Entonces, ¿podemos hablar de monstruos o de hijos sanos del patriarcado neoliberal con tintes fascistas? El sociólogo argentino Daniel Feierstein, ya nos advirtió en 2019, que en la sociedad argentina se estaba imponiendo en discursos y acciones, el fascismo como práctica social, filtrándose en las capas populares y que esto estaba siendo utilizado políticamente. Para Feierstein, el fascismo como práctica social, incluye tres elementos: 1- la búsqueda de una movilización reaccionaria, no para conquistar derechos, sino para recortarlos. 2- la irradiación capilar del odio, mediante el mecanismo de la proyección, que busca encontrar algún grupo para dirigir toda la frustración y el enojo por la situación y 3- la realización de la victoria del capital. (Feierstein, 2019).
Comparto la idea de que estamos ante un nuevo fascismo, al que llamo patriarcado neofascista por la fusión de estos dos sistemas, el patriarcado y el neofascismo con características neoliberales. Considero que, para entender este neofascismo, es indispensable hacer una lectura desde la perspectiva de género interseccional, ya que fascismo y machismo son dos caras de la misma moneda, donde se conjugan fascismo, machismo, misoginia, homofobia, racismo, clasismo, capacitismo, entre otros sistemas de opresión. Los nuevos líderes fascistas, se regodean y hacen gala de estas ideas. Ya ni siquiera las ocultan, sino que las pregonan como valores, a partir de las cuales convocan a ciertos grupos, sobre todo de varones, que se identifican con consignas machistas y racistas, en la búsqueda de sentirse ganadores y poderosos. La interseccionalidad entre fascismo y machismo nos permite entender el incremento a lo largo de nuestra región, de las violencias de género, los femicidios, los ataques a las disidencias sexo-genéricas. Violencias de género que responden al viejo ideario fascista: Dios- patria- familia. Parece que a lo que quieren volver los neofascistas, es al medioevo, donde las mujeres no teníamos derechos, y el poder absoluto lo poseían los señores feudales. Los discursos de odio son utilizados permanentemente para crear a las y los enemigxs, y así homogeneizar a las masas e implementar medidas político-económicas impopulares.
Las redes “sociales” son un instrumento eficaz- debido al anonimato propio de las mismas- para descargar y proyectar la violencia hacia otrxs. Cuando leemos los comentarios de las redes frente a cualquier hecho social, podemos comprobar la gran agresividad que se manifiesta hacia personajes públicos, como artistas, intelectuales o personas que han protagonizado algún acontecimiento mediático. Odio que aparece ligeramente sin ninguna justificación, así como calificaciones cargadas de violencia simbólica, que se hacen entre quienes comentan y supuestamente dialogan. Parece que el potencial conectivo de la red vehiculiza el odio organizado. Según datos de algunas encuestadoras, los votantes de Milei fueron un 70% de jóvenes menores de 24 años y en su mayoría varones. Esta tendencia, algo nos dice sobre el resentimiento de muchos varones por la situación personal-social que vivencian: la falta de trabajo, la precariedad laboral, las pocas o nulas perspectivas de futuro, ya que día a día crece la masa de desocupadxs y la mano de obra se abarata, sumado a la pérdida de derechos que las mismas políticas neoliberales promueven. Recordemos que el mandato de masculinidad patriarcal es constitutivo de la subjetividad de los varones. Mandato que ordena el éxito y la superioridad en todos los aspectos de la vida, y sobre las mujeres y niños, niñas y adolescentes (NN y A). En la actualidad, el cumplimiento de este mandato se dificulta cada día más, frente a la grave crisis económica y laboral. No olvidemos que pertenecemos a un país latinoamericano, colonizado, empobrecido. Tiempos de masculinidades fragilizadas, autoestimas destruidas por la pobreza y por la falta de oportunidades laborales y de ascenso social.
Desde los discursos de odio del gobierno, se instala la idea de que los varones son las nuevas víctimas de discriminación, y que las mujeres y las disidencias sexo-genéricas han conseguido demasiados derechos, lo que deviene en quitarles a los varones puestos de trabajo y privilegios tradicionales. Según Kimmel- quien analiza a los votantes de Trump- muchos de ellos son varones que se sienten agraviados por considerar que su situación es desfavorable con relación a sus padres y abuelos, y piensan que los responsables de esta situación son los migrantes, las mujeres y otros grupos que en los últimos tiempos han conseguido – según sus creencias- privilegios (Kimmel, 2019). Nos preguntamos si este resentimiento lo podemos invocar como motivo fundamental en la construcción de la violencia contra las mujeres y niñas, que en los últimos tiempos se viene incrementando en cantidad y también en calidad, a causa de la crueldad que se desata contra los cuerpos de las víctimas. Estos hechos de violencia no son ejecutados solamente por jóvenes, ya que las últimas noticias sobre violaciones, abusos y femicidios tienen como protagonistas a varones adultos, trabajadores y padres de familia de clase media. Este es un fenómeno global que atañe a diferentes países. Aunque del nuestro poco se sabe, ya que no hay investigaciones ni estadísticas oficiales, recientes informes de origen europeo, hablan de redes de misóginos confabulados en el ataque a sus propias esposas y/o a otras mujeres de su familia o de su entorno. El caso Pelicot (2), no es el único caso, ya que una investigación de varios meses realizada por periodistas de CNN, publicada en 2025, documentó la existencia de al menos cuatro grupos cifrados, con decenas de miles de hombres de todo el mundo, en los que comparten fotos y videos de mujeres drogadas e inconscientes, intercambian instrucciones detalladas sobre que sedantes utilizar para evitar dejar rastro toxicológico, y se jactan de haber agredido a esposas, hermanas, madres e hijas. La investigación identificó cerca de un millar de hombres activos en estas redes dentro del llamado ecosistema del sleep porn o pornografía del sueño. Este grupo de chat estaba conectado con el sitio Motherless (sin madre) y es parte de una red internacional de comunidades en las que se celebra, se reproduce y se entrena en la violencia sexual. Solo en un mes, la plataforma tuvo más de 62 millones de visitas de varones. (Curia, 2026). Estos actos depredatorios nos muestran el desprecio por las mujeres que comparten estos hombres. A tales actos sólo los puede pulsionar el odio y el resentimiento. Estamos ante un ejercicio de poder sobre aquellas que consideran sus mujeres. Parece que hace falta dormirlas, que no tengan defensas, debilitadas, entregadas por completo a su amo. Y el amo puede entregarlas también a otros de la cofradía masculina, para compartirla y gozar con ese ritual, espectacularizándolo para esos otros. Es muy significativo además que el sitio web se nomine Sin madre. ¿Qué significa? ¿Estos varones nacieron de un repollo? ¿No reconocen la filiación materna? ¿Reniegan de haber nacido de una mujer? Pareciera que sí. El deseo de humillar y someter a las mujeres, sobre todo a aquellas con las que sostienen una supuesta relación afectiva nos habla del odio al género femenino, lo que conduce a pensar que también se extendería a sus madres. Esta falta de filiación, de pertenencia, de reconocimiento hacia las madres, se extiende a la propia historia familiar o social, como si estos seres se hubieran autoengendrado y no son deudores de nadie. Seguramente muchas de esas mujeres a las cuales violan, los han cuidado, atendido o les dan afecto o se lo dieron en algún momento de sus vidas.
En Nuestra América, cada día más, avanzan los discursos fascistas. Se promueve el odio, para fragmentar, atomizar e instalar la lógica de la/el enemigx, y destruir los vínculos humanos, ya que lo colectivo puede transformarse en resistencia. Lo más lamentable es que estos discursos seduzcan, convoquen, ofreciendo un nuevo orden normalizador, con el que se promete limpiar lo sucio y malo del sistema, encarnado en lxs diferentes a la hegemonía blanca patriarcal, direccionando la culpabilidad hacia la/el otrx par, y no hacia los poderosos. Además, se promete bienestar destruyendo al Estado de bienestar. El discurso del supremacismo blanco patriarcal está cimentado en un proyecto político económico para pocos, para los dueños, los nuevos señores tecno-feudales.
Este odio proyectado desde lo macro se instala en lo micro y aparecen las violencias extremas. Las últimas estadísticas nos dicen que el 76% de las víctimas de femicidio registradas en el país, tenían menos de 15 años. Vidas de niñas y adolescentes arrasadas por la violencia machista. Los femicidas son varones, que violan, matan, descuartizan, entierran restos, fragmentos, pedazos de cuerpos o los ponen en bolsas de basura. Como vemos el patriarcado neofascista está entre nosotros, no sólo allá afuera, sino dentro de muchos. De ahí que considere que desde el campo psi, necesitamos reflexionar, debatir, teorizar, intervenir, accionar. Son tiempos oscuros que interpelan nuestros saberes y nos invitan a pensar la complejidad, a liberarnos de dogmas y a abrirnos a lo no-pensado. El futuro es incierto y no me es posible responder si será posible evitar nuestra autodestrucción. Tal como lo expresó Freud, hace casi un siglo: (…) el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si –y hasta qué punto– el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. (Freud, S., [1933]1973).
Notas
(1) Dra. en Psicología, psicóloga, docente en UNR, escritora. Último libro: Mujeres en la mira. Violencia simbólica, desobediencia y creación de Edit Topia 2023.
(2) El Caso Pelicot es un histórico proceso judicial francés en el que Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión por drogar sistemáticamente a su exesposa, Gisèle Pelicot, durante una década para que fuera violada por más de 50 desconocidos que él reclutaba en internet.
Referencias bibliográficas
Arent, H. (2003) Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del malBarcelona: Lumen.
Curia, D. (2026) Un grupo de Telegram donde se enseñaba a violar. Diario Página 12, 26 de abril de 2026.
Feierstein, D. (2019). La construcción del enano fascista. Los usos del odio como estrategia política en Argentina. Buenos Aires: Clave intelectual.
Freud, S. ([1933]1973) El porqué de la guerra. Obras Completas Tomo III 3ª ed., Edit. Biblioteca Nueva, Madrid 1973.
Gramsci, A. (1981) Cuadernos de la cárcel México: Era.
Kimmel, M. (2019) Hombres (blancos) cabreados. La masculinidad al final de una era. Valencia: Barlin