Verónica Etcheverry
etcheverry.vero@gmail.com
Te miro y no te veo:
no encuentro mis ojos
en tu reflejo
He perdido el deseo,
llamarte por tu nombre.
¿A dónde fuiste, Orfeo?
¿Qué se hizo de tus poemas,
de tus besos?
¿Dónde estás?
¿Te fuiste sin que te viera?
Te busco y no te encuentro.
Pido y me dan;
nada me sacia todo lo tengo.
Soy el cerebro de este instante:
cruzo veloz sobre el cemento,
no me detengo.
Tal vez ya me viste: soy un engendro,
malévolo, audaz, servicial.
No me sostengo.
Tú eres mi alimento
Y voraz, descubro
que te entregas contento
al suplicio, a la muerte,
cada momento. Feliz.
Feliz desencuentro.
…
Cuando todo sea silencio
Tus lagrimas pinten de gris
la espalda del viento
como río desborda tu pecho,
temblor que titila debajo
Y en tus pupilas se desarme el tiempo.
Ya no quede aliento
Solo vacíos cuerpos
Efímeros, voraces
Cuerpos muertos
Que es lo que late entonces?
Que es aquello que empuja?
Todo se ha detenido
Hoy
inmersos en un bucle
mordaz lemniscata
El tiempo se ha roto
Es el fin…?
quizás la nueva temporada
de una secuencia
eterna
y
extraña.






