Serena Sottile
serenasottile@elpsicoanalitico.com.ar
Carlos Tewel es psicoanalista, autor de “La constitución del yo en niños severamente perturbados”. Ricardo Vergara Ediciones.
Miembro de APA desde 1994. Creador del Centro Educativo Terapéutico «Proyecto Puente». Institución dedicada al tratamiento de niños y adolescentes que padecen Autismo y Psicosis.
-En el Psicoanalítico inauguramos hace un tiempo la sección de entrevistas sobre autismo, al percibir un aumento en los diagnósticos, cuál es tu opinión respecto de ese aumento tanto en niños como en adolescentes y adultos.
-Para mí hay un aumento de la gravedad en lo que estamos viviendo, pero gravedad en el sentido de cuestiones subjetivas graves, en el consultorio estamos recibiendo chicos, adolescentes y adultos con mayores dificultades en cuanto, por ejemplo, a cuestiones somáticas, y lo digo con cuidado porque no quiero psicopatologizar.
– ¿A ver si entiendo más o menos, vos te referís a lo grave de lo social en la subjetividad?
-Sí. Exactamente, hay un impacto en la subjetividad de las cuestiones sociales. Claro. Mayor violencia, violencia que se expresa en el cuerpo con enfermedades autoinmunes, por ejemplo, estamos viendo situaciones clínicas que ya no son más los clásicos sufrimientos neuróticos como recibíamos antes.
-Ahora se habla más de fragmentación, pero sí, aparecen cuadros clínicos que tienen una complejidad diferente.
-Exactamente, cuadros clínicos con complejidades, me gustó lo que dijiste, un impacto en la subjetividad de lo que está pasando en el lazo social, el lazo social está como destruido, fragmentado, roto, esa es otra palabra que me gusta. La rotura del lazo social impacta y produce rupturas en la subjetividad.
No es casual, por ejemplo, que se produzcan este tipo de situaciones clínicas donde los adolescentes se cortan, ¿viste? , muchas adicciones estamos viendo. No solamente adicciones a sustancias, sino también adicciones a la pantalla.
Es notable, es muy notable, lo que produce el consumismo y lo que significa el hipercapitalismo y como toda esta concepción neoliberal, produce, me gustó mucho esta palabra, un gran impacto en la subjetividad.
Bueno, entonces lo clínico de este impacto es que los diagnósticos son más graves, el aumento es de situaciones graves clínicas.
Situaciones donde el adolescente está como perdido, donde se cayeron los ideales, cae la esperanza de un porvenir, no hay proyectos, entonces él se escuda en la pantalla o en la adicción, eso hace a una complejidad clínica.
-Cuál es tu opinión sobre la exposición de niños con diagnóstico de autismo en las pantallas de tv o plataformas. Por ejemplo, este nene influencer al que el presidente maltrató en redes.
-Desde mi punto de vista, eso está lejísimos del autismo. Son diagnósticos que responden al mercado y están dentro de lo que se llama la TCC, terapia cognitivo-conductual y esas terapias cognitivo-conductuales responden a un modelo de sociedad, que es el modelo americano, responden a un modelo de funcionamiento.
Al chico hay que hacerlo funcionar, es decir, si el chico no controla esfínteres, entonces tiene todo un entrenamiento para que controle esfínteres. Entonces, de última,es una terapia robótica.
Donde la subjetividad está anulada porque no se piensa por qué el chico no controla o por qué el chico grita o por qué el chico tiene determinada conducta, sino que hay que entrenarlo para que funcione dentro de la sociedad. Bueno, ese es el modelo norteamericano.
–Lo que pasa es que cuando uno indaga, el diagnóstico viene de las maestras o del pediatra o neurólogo.
-Bueno, yo tengo cientos de casos en que los padres vienen angustiados porque les dijeron que el chico es autista y que tienen que tener este combo terapéutico.
Allí hay que desarmar con los padres el diagnóstico, porque muchas veces yo veo al chico y no tiene nada de autismo, puede tener una inhibición, una fobia o puede ser un neurótico obsesivo en ciernes, en fin, pero en media hora el neurólogo les dice a los padres » es del espectro autista y tienen que tener esta batería de intervención”.
Allí hay que desarmar junto con los padres, hay que desarmar el diagnóstico y empezar a trabajar, digamos, en la historia subjetiva del chico, la historia de la familia, de la pareja y bueno, los padres en ese marco terapéutico, tienen que aceptar que habrá que bancar la angustia de tener que pensar sobre su hijo.
Y es un problema porque les han dicho que no tienen nada que ver. Y si bien no son causa, hay que implicarlos. Puede que sea un tema genético, o un tema neurológico. Pero hay que ver cómo se juega en la familia.
Por supuesto que muchas veces los cambios alimentarios o el tema del cannabis que utilizan algunos puede producir a lo mejor algunos efectos de mejoría en algunos casos, pero no quiere decir que sea la causa o que no tenga nada que hacer el analista ahí, el analista tiene que hacer que los padres se pregunten algo.
Si los padres no se preguntan, el analista no puede hacer nada. Digamos, porque el analista está para pensar alguna cuestión que atraviesa a los padres y ahora es bien difícil porque lo traen como una especie de verdad, viene muy angustiados muchas veces, cuesta la maniobra.
Sin negar la dificultad, pero bueno, ir hilvanando algo de lo que le pasa al chico con la historia de la familia también. Y a lo mejor esta historia los saca de la cuestión más clasificatoria, ¿no?
–Porque los padres, atravesados por ese discurso des-subjetivante, vienen a contar una lista de signos que tienen que ver con deambular, con andar en puntitas de pie, con tragar comida, etc.
-Así es, exactamente. Se trata de construir una historia del niño junto con los padres y tener la posibilidad de que ese síntoma entre en alguna historia de la familia.
El trabajo, como yo lo pienso, de un analista con estos chicos, es tener la posibilidad de subjetivar ese síntoma, y subjetivarlo ¿qué significa para mí? entramarlo en una historia.
-Es decir, no habría diferencia con otros chicos, en el sentido de que la búsqueda es de lo particular.
-Nosotros no somos la psiquiatría descriptiva clasificatoria. Y tampoco lo pensamos como solamente como una respuesta biológica, ¿no? Digamos, pensaba esto del chupeteo, por ejemplo, que es habitual en los bebés. Bueno, en cada uno se va a significar de distinta manera.
No hay dos iguales, por más que la exteriorización del chupeteo se vea parecida en todos.
– Cómo te sitúas teóricamente para pensar el autismo, independientemente que ya me venís contando cómo trabajas.
-Si vino un chico al consultorio, ¿no? Y el chico no me registra. No me registra y se va a la ventana. Esto es un indicador clínico.. El chico entra al consultorio, no me registra, se va y se pega a la ventana.
Yo ahí puedo estar hablando de lo que yo llamo un estado autístico. ¿Qué significa estado? significa que el chico no produjo un vínculo, no produjo un lazo con el otro.
No son defensas, son estados sensoriales. Como que el chico pertenece a la naturaleza.
Entonces, él piensa que es parte del árbol, es parte de la naturaleza, no entró en el vínculo con la humanidad.
No entró en el lenguaje que es lo que produce a un bebé recién nacido ingresar a lo simbólico, quedó en ese estado sensorial.
¿Por qué se produjo eso? No lo sé. Como tampoco sé por qué un paciente es histérico, por qué es neurótico obsesivo, por qué es fóbico, la verdad que no sé.
Yo sé lo que estoy viendo, un chico que no me registra y se pega la ventana como para ser parte de la naturaleza.
Como psicoanalista tengo mis herramientas para pensar. El genetista que haga los exámenes genéticos, el neurólogo que haga los exámenes que quiera y el neurocientífico también.
Entonces, clínicamente yo tengo un chico que entró al consultorio, no me registra. Y se pega a la ventana. Como también se puede pegar a la pantalla, porque ahora se ve más chicos que se pegan a la pantalla.
–¿Es una defensa?
-Bueno, es una categoría que yo no la llamo defensa autista, la llamo estado autístico sensorial. Después está el otro chico que entra al consultorio y que me da la espalda. Entonces ahí ya te puedo decir que hay una defensa autista. ¿Y por qué hago esta distinción?
Porque la dirección de la cura es diferente. Porque con el chico que no me registra tengo que hacer algo, alguna maniobra terapéutica para que el chico me registre, para que me mire. Para que me mire y se entere que yo estoy ahí.
Ahora, con el chico que me da la espalda, yo ya le puedo decir, «Vos me das la espalda porque tenés miedo que yo te haga daño.»
Por eso me da la espalda, para defenderse.
–Claro, porque vos decís que el que da la espalda te registró, o sea, está en el lenguaje.
-Y ya usa defensas, defensas para el miedo al ataque, a que yo sea intrusivo con él.
Uno puede pensar que, bueno, ya está la paranoia, ya están las defensas primitivas en marcha.
–También hay chicos que se esconden debajo de la mesa o se aferran a algo, me parece distinto al primer caso que planteaste.
Exactamente, aferrarse a algo significa que ese aferramiento le da confianza para defenderse.
Ya es una actitud, una un movimiento subjetivo de agarrarse a algo para defenderse. ¿Entendés? El otro chico, el que no me registra, no se aferra a nada.
Él va y mira el horizonte como si fuera parte de sí, lo que yo llamo naturaleza, lo saqué de un psicoanalista uruguayo que se llamaba Héctor Garbarino, él y su mujer ya fallecieron.
Hace unos 20 años atrás sacaron unos libros sobre autismo, me dieron la teorización para pensar así. Ellos decían que estos niños eran parte de la naturaleza, estaban como en ese estado autístico, pero ¿qué significa ser parte de la naturaleza? Significa que no fueron tocados por el lenguaje. No fueron atravesados por el lenguaje, por eso vos los llamás con el nombre y no voltean la cabeza.
Entonces, los padres creen que son sordos y empiezan a buscar ayuda.
La dirección de la cura es que el chico me reconozca, que yo estoy ahí al lado de él. Tirándole la una pelotita, un autito, alguna maniobra para que el chico me devuelva la pelota. Si me devuelve la pelota, entró en el campo del lenguaje.
Porque se la devuelve a un otro. Esa es la dirección de la cura. En cambio, el chico que me da la espalda o que se aferra a algo se está defendiendo del otro, de un posible ataque. Entonces ahí va la interpretación, vos me tenés miedo.
Si se aferra a algo, eso es el objeto autista, es un objeto tal que solamente le sirve al chico para defenderse. No es un objeto intercambiable como puede ser un objeto transicional. Es como algo adherido. Algo adherido, duro, pero ya hay un movimiento subjetivo del chico.
-Interesante diferencia, la posibilidad de un diagnóstico diferencial y la posibilidad de dirigir la cura en uno u otro sentido.
Y me acordé también de que te escuché hablar en algún momento de Dick de Melanie Klein, me encantaba ese caso.
–Exactamente, porque Dick es la mejor descripción de un chico en un estado autístico, en ese artículo sobre la formación de símbolos, Klein dice “Dick pasó al lado mío como si yo no existiera». Él me atravesó, dice Klein, como si yo fuese un mueble o como si yo no estuviese ahí en el consultorio.
-Hoy los padres se encuentran sin tiempo para jugar que es algo fundamental.
– ¿Sabes lo que me dicen muchas madres?: ¿Cómo se juega? Hay un déficit simbólico también en los que cuidan. Un déficit en la maternidad, lo que trajo también la liberación femenina, con la que yo estoy 100% de acuerdo. Pero la liberación femenina hace ingresar a la mujer en el mundo laboral y deja a la maternidad en déficit.
– ¿Vos decís que el mundo capitalista demanda tanto que las infancias quedan por fuera del circuito libidinal?
-Es que el circuito libidinal solamente se da a través del juego. No hay otra posibilidad.
Vienen los padres a consultar por un nene de 5 años, entonces me dicen «Nosotros le damos hojas para que él dibuje.»
«¿Y qué hacen con el dibujo?» Y nosotros esperamos a que él arme un cuento. Entonces, les digo yo, pero escúchenme, ustedes tienen que armar el cuento. Él tiene que escuchar las voces de ustedes contando un cuento.
¿Cómo va a contar él el cuento? Ustedes tienen que contar el cuento una y mil veces hasta que pueda él empezar a contar cuentos.
Entonces me dicen los padres, «¿Pero qué cuento le contamos?” Vos te das cuenta del déficit que hay en la maternidad, la paternidad, es difícil hablar de esto, o sea, es difícil plasmar esto sin quedar como que uno está juzgando, es muy complejo. Yo esto lo trabajo.
Por eso hay que hablar de que el déficit viene del otro, es la cultura la que está en déficit simbólico, ya no hay historia, con esto del minimalismo, el funcionalismo y el consumismo, si se rompe una mesa hay que cambiarla por otra, en lugar de ubicar que esa mesa tiene una historia. Entonces si nada se historiza hay un déficit simbólico que viene desde la cultura. Y estos padres encarnan ese déficit. No es culpa de los padres. Ese gran otro que es la cultura, el mensaje que viene de ese gran otro, es un mensaje plano, no es denso, no es profundo, no tiene volumen.
– Entonces, bueno, sería también otra función del análisis generar textura, texto.
-Exacto, esa es la función, no es sólo interpretar como antes un síntoma. Claro, no es como antes. Ahora hay que generar densidad, textura, volumen.
Hay que decir cosas que antes se transmitían culturalmente. El achatamiento de la cultura lleva a pensar que Instagram te va a dar las herramientas para criar a un hijo. Para que el hijo funcione. Para que el hijo funcione, estos manuales o cursos de Internet.
– Cómo pensás la diferencia entre autismo y psicosis.
Bueno, en la psicosis lo que hay es una confusión entre el chico y el cuerpo del otro. Esa es la diferencia clínica. Hay confusión. No hay un sujeto autónomo, sino que hay un cuerpo, yo tomo el concepto de Freud, que en el primer yo es el yo corporal.
Si el yo corporal no está anclado en un cuerpo, es porque entonces está confundido con el cuerpo del otro. Esa para mí es la psicosis, lo que algunos autores llaman la psicosis simbiótica que muchas veces se confunde con el estado autístico. Y ojo que acá pasa algo muy curioso. El chico psicótico puede tener un estado autístico o puede tener también una defensa autística.
Esa es la complejidad de un diagnóstico. Que el mismo chico psicótico, confuso, simbiótico puede tener defensas autistas. Entonces, se arma un cuadro complejo dificilísimo.
-Quería preguntarte sobre la escritura de tu libro: “La constitución del yo en niños severamente perturbados” Un modelo de intervención institucional psicoanalíticamente orientado, de Ricardo Vergara Ediciones.
Es el producto de más de 40 años en atención a niños/as y adolescentes graves ya sea en hospital y en consulta privada que fueron sistematizadas en mi tesis doctoral. Siempre me he sentido conmovido y comprometido en la asistencia y desarrollo de conocimiento sobre patologías graves. Los niños/as y adolescentes no solo constituyen un grupo clínico particular, con necesidades propias, con expresiones de sus trastornos enormemente heterogéneos y diferentes a los adultos, sino que revisten una condición de vulnerabilidad que vuelve imprescindible todos nuestros intentos. Sus familias también requieren atención, orientación, respuestas tentativas que son responsabilidad -al menos en parte- de los profesionales que nos especializamos en este campo. A partir de allí es que decidí profundizar mis investigaciones y sistematizarlas, resultando de ese proceso, el desarrollo de mi tesis doctoral realizada en el convenio USAL-APA. En ese transcurso pude organizar mis interrogantes y buscar respuestas y describir procesos y resultados clínicos sin perder mi identidad y perspectiva como psicoanalista. Ese material es la base de este libro. He logrado separar sus puntos centrales en términos teóricos y hacerlos accesibles para expertos y también para aquellos que están explorando el tema por interés o necesidad personal. Decidí plantear dos ejes fundamentales: en el primero, desarrollo el soporte conceptual para pensar las patologías severas en niños/as y adolescentes como trastornos del Yo y avanzar entonces sobre sus modos de constitución y sus fallas. Es decir, cuáles son las consecuencias subjetivas cuando este Yo está desorganizado o inexistente en muchos casos. En el segundo eje avanzo en los diferentes tipos de abordajes institucionales para lograr objetivos en relación al Yo en cuatro dimensiones: social, comunicación y lenguaje, anticipación y simbolización. Debo resaltar que mi formación como psicoanalista es esencial para pensar los diagnósticos, las dimensiones donde localizo sus imposibilidades, los abordajes pertinentes y las formas de evaluar los cambios en los procesos terapéuticos.