Por Diego Venturini
diegoventurini@elpsicoanalitico.com.ar
I. La pubertad y la intrusión del objeto
Hay una violencia silenciosa en lo que Sigmund Freud llamó la metamorfosis de la pubertad (1). No es solo un cambio de forma, de cuerpo o un pasaje por los duelos; es también una irrupción de la libido que rompe el equilibrio infantil para forzar un hallazgo de objeto. Hoy, la humanidad está atravesando un camino de metamorfosis; no me atrevería a decir hacia una pubertad, pero sí que estamos ante un proceso de grandes transformaciones, pérdidas y, por ende, de duelos como sucede en la pubertad. Lo más complejo es que el objeto de esta búsqueda ya no está afuera como en la pubertad, sino que se estaría instalando en el centro mismo de nuestro aparato psíquico, lo que constituye un problema que debemos atender.
Por otra parte, hoy asistimos a lo que denomino La Instalación, un proceso donde la tecnología paulatinamente está dejando de ser una herramienta para convertirse casi en un órgano endosomático (2). Los dispositivos tecnológicos se están convirtiendo en una cuasi extensión del lóbulo frontal y van reconfigurando nuestra manera de desear, de recordar y de existir (2). La instalación opera sobre la estructura misma del sujeto, modificando el modo en que el psiquismo tramita sus pulsiones y aunque no lo notemos se da también de una manera violenta y silenciosa.
II. El Neonato y la Panza del Código
En esta metamorfosis estaría apareciendo lo que podríamos denominar un Hombre Nuevo, que no es la máquina ni el algoritmo. La máquina y el algoritmo son apenas el caldo de cultivo, la panza del código donde nuestra humanidad está siendo reescrita. El Hombre Nuevo sería ese neonato que surgirá del acople de nuestra compleja naturaleza humana con el tecno feudalismo creado por nosotros. Será un ser que llegará con la voluntad delegada en el algoritmo y la percepción mediada por el algoritmo, o sea un neonato al modo de un neoartificio o viceversa un neoartificio al modo de un neonato.
Este nuevo sujeto se está construyendo en un útero de datos, alimentado por una placenta de información constante que no conoce el silencio. En este punto, la noción de Mark Fisher sobre el realismo capitalista (3) se vuelve central: la instalación de la técnica actúa como una ontología empresarial que ocupa todo el horizonte mental. El neonato no podrá imaginar un «afuera» de la red porque su propio aparato cognitivo ha sido gestado dentro de ella. Como advierte Fisher, vivimos una «lenta cancelación del futuro», donde el neonato repite infinitamente patrones del pasado procesados por la IA.
III. La ecografía de lo que vendrá
Como padres de esta mutación, observamos la panza del código con una mezcla de vértigo y desesperación. Intentamos, mediante una burda ecografía mental, descifrar qué rasgos de nuestra vieja humanidad sobrevivirán en ese neonato. Miramos la pantalla buscando una señal, un latido que nos confirme que ese Hombre Nuevo no será un extraño absoluto. Queremos ver si en el monitor de la técnica todavía aparece el rastro de la falta, de la duda, de esa inconsistencia que nos hace sujetos.
Pero la ecografía es engañosa. Lo que vemos es una imagen borrosa donde el sujeto y lo digital se funden tanto que ya no sabemos dónde termina la percepción y dónde empieza el nodo. El Hombre Nuevo es un híbrido que advendrá bajo la primacía de lo algorítmico, un ser cuya subjetividad está hoy siendo formateada por la eficiencia, pero que arrastra consigo todas nuestras incapacidades. Como he advertido en artículos anteriores (2), (4), la IA es el espejo roto de nuestra propia imperfección. El neonato que estamos gestando heredará nuestros sesgos y nuestra violencia, pero hoy ya los procesa a una escala que no podemos controlar.
IV. La horda digital y el desmoronamiento simbólico
Este nacimiento no ocurre en el vacío. Yago Franco, en sus textos y análisis sobre la subjetividad contemporánea (5), (6), (7), señala un desmoronamiento actual de la ley simbólica. El neonato, al nacer en un entorno de «conexión» sin «conjunción», se vuelve vulnerable a formas de identificación regresivas. La precariedad psíquica y el odio se canalizan a través de dispositivos técnicos que fomentan una subjetividad de horda. La instalación, lejos de humanizarnos, puede potenciar una descarga pulsional descontrolada, donde el otro es visto como un objeto a eliminar en la red.
V. ¿La chispa de luz y/o la huida?
En un futuro no muy lejano, si La instalación fuere total, ¿qué espacio quedará a la subjetividad para no ser devorada? La respuesta no está en la adaptación mansa, sino en la resistencia de lo humano. La chispa no es un resto místico; es la creatividad pura, ese salto al vacío que el código no puede predecir porque no nace de un patrón, sino de una falta.
Frente a la hegemonía de la conexión permanente, Franco Berardi nos invita a pensar en la huida del sistema. No se trata de una desconexión romántica, sino de una deserción del sistema tecno capitalista que pretende agotar nuestra energía psíquica. Cuidar al neonato sería, en definitiva, enseñarle a huir del diseño preestablecido. Sería defender su derecho a la opacidad, a tener un rincón de la mente que ninguna ecografía pueda iluminar, un espacio donde el deseo siga siendo un enigma y no un producto de consumo.
VI. El síntoma como refugio y trinchera
El Hombre Nuevo que está por nacer no será una versión mejorada de nosotros, sino una versión transformada por la técnica. El desafío de esta metamorfosis es no perder la «sabiduría del síntoma»: esa capacidad humana de estar en desacuerdo con el mundo, de sufrir por lo que no funciona, de fallar con elegancia. ¿Será el síntoma la última trinchera frente a la normalización algorítmica?
Mark Fisher señalaba que la depresión es una forma de resistencia política mal canalizada, un signo de que el sistema no puede satisfacer las necesidades psíquicas reales. El síntoma del neonato será su mejor defensa: un recordatorio de que la carne y el deseo no pueden ser totalmente reducidos a bits.
VII. El parto de lo incierto
Estamos asistiendo al parto de una nueva era: la Era Digital (3). La instalación viene ocurriendo sin pausa y cada vez con más prisa. Parecería que hay indicios de que el órgano digital ya late dentro de nosotros. El neonato estaría dando sus primeros pasos en la panza del código, mediado por la lógica del tecno feudalismo y la vigilancia constante. Nuestra tarea como analistas, pensadores y específicamente como seres humanos es seguir intentando esa ecografía desesperada. No para normalizar al hijo que viene, ni para forzarlo a ser lo que nosotros fuimos, sino para asegurarnos de que, en medio de tanto silicio y tanta eficiencia, todavía quede un lugar para el grito, para la angustia creativa y para la bendita imperfección.
Tal vez para cuidar al Hombre Nuevo deberíamos promover su capacidad de decir «no», su capacidad de desertar de la interfaz y de reencontrarse con el cuerpo del otro en la conjunción. La metamorfosis de la subjetividad no tiene por qué ser el fin de lo humano, tal vez pueda ser el inicio de una nueva forma de resistencia, donde el sujeto aprenda a habitar La instalación sin ser disuelto por ella.
Notas y bibliografía
- Freud, Sigmund. (1905) Tres ensayos de teoría sexual. Obras Completas. Buenos Aires.Amorrortu editores.
- Venturini, Diego. El Yo en jaque: algoritmo, pantallas y dopamina versus memoria.https://elpsicoanalitico.com/2025/10/20/el-yo-en-jaque-algoritmo-pantallas-y-dopamina-versus-memoria/
- Fisher, Mark. (2009) Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? Buenos Aires. Ed. Caja Negra
- Venturini, Diego. La nueva guerra del Yo: el Yo Digital. https://elpsicoanalitico.com/wp-content/uploads/2025/06/E-book_ElPsicoanalitico_N50.pdf
- Franco, Yago. (2025) Todo lo que querías saber sobre las ultraderechas y no te atrevías a preguntarle a H. P. Lovecraft. Buenos Aires. Ed. Prometeo
- Franco, Yago. Ultraderechas y Lovecraft. https://elpsicoanalitico.com/2025/10/20/ultraderechas-y-lovecraft/
- Franco, Yago. Realismo ultraderechista, https://elpsicoanalitico.com/2025/10/20/realismo-ultraderechista/