En el país de la psicosis, no soy intérprete, sino explorador y cartógrafo.
J. Polack . “La intima utopia”
Ordene, para desordenar.
Escuche, divida, separe en segmentos para luego después poder flexibilizar.
El pintor dispone sus colores, los coloca en la paleta, mejor aún, los tiene en su paleta de colores interiorizada. En esa paleta mental se reconoce en sus orientaciones, sus combinaciones, sus insistencias, sus pensares.
“Pintar es una forma del pensamiento” decía Leonardo, creo.
Pero el pensamiento viene después. Algo lo arrastra hacia una mezcla a ser inventada; pinta entonces. Produce un desorden que le presenta otra vez pero con novedades su propia paleta.
¿Será por eso que hay tanta angustia y borrachera entre los plásticos?
Más que una receta le puedo ofrecer una conversación, abrir un poco eso que Uds. llaman de contratransferencia y otras veces de análisis mutuo. Puedo hasta
hacerme el muerto llegado el momento, y ver cual es el monólogo, la improvisación que surge .
Volvamos, yo busco una intervención en mis relatos, un lector que me de órdenes, que me mande a trabajar, y que explotándome, me haga reventar. No eso es demasiado. La clínica, el cuidado, el manejo de las intensidades, ya nos lo enseño Spinoza vía Deleuze, es una cuestión de dosis .
Al final no es esto el esquizoanálisis cuando llama a raspar el inconsciente, a mantener solo la placenta, ese caos inicial, el tiempo suficiente para que ello pueda asomarse.
Recordamos la primera máxima freudiana: “que ello advenga allí donde yo está”. En pintura no se trata de saturar más o menos, se trata que las dosis sean potentes, que nos fabriquen diversos funcionamientos en el cuerpo sin órganos, que por fin y por un momento habitemos el desierto, la llanura, la pampa.
Pongamos un poco de orden. Llega, se sienta lo escucho, comienza la interlocución, una hora casi de dos personas conversando sobre una de ellas. Trescientos pesos. Ordene entonces, dígame qué hago, algunas indicaciones, para empezar, para salir de la inercia, que me permitan poder hablar, empezar un recorrido. A medida que vaya adquiriendo consistencia entonces sí, podré empezar a desordenar, a flexibilizar .
“De cada escritor es preciso decir: es un vidente, un oyente, mal visto, mal dicho,
es un colorista, un músico.” Gilles Deleuze.
Si ya sé que Picasso dibujaba tan bien como un pintor renacentista cuando era un pibe, y por eso pudo inventar la cuarta dimensión, el cubismo, la serie rosa, etc., pero yo no tengo talento, ni tiempo de aprender a dibujar como él y quiero pintar, quiero ejercitarme y afectarme con ese modo del pensamiento. Para eso vengo para insistir en las formas, en los colores, en las ideas que me convocan pero de otro modo. Pensar de otro modo como decía Foucault de Deleuze.
No, en realidad no quiero escribir un poema ni buscar donde los tengo. Sólo recuerdo un verso de uno que escribí, después de hacer el amor con la viuda de un compañero militante, decía : “Hoy conocí la tristeza”. Creo que lo guardé, tal vez en una memoria deshilachada.
Entonces resumamos, literatura, pintura, matemáticas en la tercera hora. Psicología en la última. No me jodas, eso qué tiene que ver, es Radiolandia. Aquí me encuentro al final decenas de años ejerciendo. En realidad lo único que no se puede hacer sin estudiar y mucho es música. Pintar, inventar , escribir, analizar, filosofar, correr y hasta jugar al tenis es solo una cuestión de insistencia. Música no, hay que estudiar.
Qué sería de nosotros si el siglo veintiuno no fuera deleuziano. Pero por suerte esta vez como en casi todas las demás Foucault la acertó. Entonces eso es indeterminación, inacabamiento en la presentación de un siglo sin predicciones, que deberá inventar su relato .
El imperio se funda en los micropoderes que produce y controla y el único modo de contrarrestar sus efectos es ….- no sé –. Pero intentarlo es lo que nos ofrece un paradigma estético, un gesto hacia la singularidad,
Una hora todas las semanas, venite y convocamos a Deleuze y sus máquinas deseantes en principio así simplemente conversando. Es la primera orden.
Qué viene pasando con nuestra práctica psicoterapéutica.
Cuál es estadio del arte en este momento. ¿Cuál es el devenir que nos arrastra y cómo podemos en ese recorrido sortear las compulsiones y las representaciones?
¿Qué hacemos con las drogas y las abstenciones?
El amor fatuo y el trabajo precarios son una posibilidad para el análisis o una imposibilidad definitiva. Que quiere decir: asignificante, devenir, esquizoanálisis, nomadismo, molecular, transversalidad, multiplicidad, cuerpo sin órganos, línea de fuga en el interior de un dialogo terapéutico.
¿Como hablar de la envidia, de la gratitud del reconocimiento, de la atracción de la sensualidad, de la voluntad, de la tristeza, de la apatía, del cansancio, del aburrimiento en este otro lenguaje?.
¿Quién puede entendernos a no ser los propios iniciados?
¿Cómo dedicarnos a la clínica, a aplicar psicoterapia y psicoanálisis individual y de grupo, sin usar las categorías del psicoanálisis y la psicopatología? En todo caso poder hacerlo pero al mismo tiempo dejar que un pensamiento del devenir suceda. Un aire fresco, una brisa spinocista pase por la sesión, un relato sobre el relato del paciente que se vuelva, más que comprensible, interesante. Cómo conversar entre dos integrando estos amigos comunes, este extraño tipo de amistad que potencian las raras alianzas Deleuze-Guattari, Ulpiano -Espinosa, Beckett-Artaud. Todas alianzas que no estaban preparadas, encuentros de destiempos entre filosofía, biología, arquitectura e inconsciente.
Somos tantos grupúsculos como procesos maquínicos que ponemos en marcha ante cada demanda de terapia, de escritura, de vinculaciones. Cómo hacemos para que comiencen a maquinar, cómo nos dejamos acontecer en cada encuentro que la máquina comienza a generar.
Dos eventos comenzaron a maquinar. Retomé la lectura de un libro de Arturo Carrera: Ensayos murmurados, y los amigos italianos empezaron a mandar mails advirtiendo que por fin en Europa algo estaba pasando de las manos de un cómico que pedía allí que se vayan todos. Una lectura estimulante, un acontecimiento molecular atravesando la molaridad europea, todo en línea para retomar a Deleuze. Un estilo, un tipo de comicidad parece ser lo que en su simpleza y contundencia arrastra a millares de nuevos jóvenes citadini italianos a salir a empoderarse después de esa gran siesta del pensamiento político que fomentó el neoliberalismo. Así aparece este cómico que experimentando nuevos sentidos para la participación, se nutre del teatro, de la literatura y viene con extraños modos a iluminar la acción política; siempre que se insista en el fulgor del acontecimiento en lugar de la reiteración de la representación. Los Ensayos
murmurados son los relatos con los que Carrera me impulsa para hacer algo diferente con Deleuze, otra estrategia: en lugar de explicarlo, ponerlo a funcionar en la búsqueda de un estilo.
La siguiente cita de Deleuze – nos dice Carrera – es lo que tal vez hubiera querido para él. ¿Para quien? Para Deleuze, para Carrera, para el circunstancial lector: “Cuando escribo sobre un autor, mi ideal sería no escribir nada que pueda entristecerlo en caso de que haya muerto, nada que pueda hacerlo llorar en su tumba: pensar en el autor sobre el que se escribe. Pensar en él con tanta fuerza que ya no pueda ser un objeto, y que uno ya no pueda identificarse con él. Evitar entonces la doble ignominia del erudito y del familiar. Devolver al autor un poco de la alegría, de la fuerza, de la vida amorosa y política que él ha sabido dar, inventar”.
Pensar entonces no se da a partir de una relación de objeto, tampoco a través de un proceso de identificación, es algo más, es otra cosa también.
Edipo ordena con claridad amar a Mamá como objeto, identificarse con Papá o uno u otro. Te identificarás por un lado y amarás por otro es la ley que estructura la sexualidad,
Y si no fuera axial. Si la psicosis y la neurosis no fueran estructuras absolutamente diferenciadas. Si un mismo impulso vital las recorre .
Hay otro modo de vincularse, acompañando, deviniendo, experimentando, inventando .
Axial parece habernos señalado Guattari en la clínica de la psicosis, en el atendimiento al proceso primario, en el inacabamiento kafkiano, en la crueldad de Artaud. En Crítica y Clínica, Deleuze nos conduce por maravillosas páginas donde literatura y clínica inventan diversas mezclas, raras continuidades.
De la neurosis inglesa al delirio americano, como el Baterbly de Melville. De la neurosis hamletiana al delirio becketiano. De Hamlet a Godot, de Dora al Hombre de las ratas. De Lacan y sus amoríos de salón a la delirante sexualidad de Foucault .
Llega Pablo, no lo conozco, bajo a abrirle. Lo veo desaliñado, un poco gordo. Transpirando me dice ya en el ascensor que un chabón lo miraba en el colectivo sin cesar. Debe ser un pedófilo, me dice con su primera sonrisa, respondo que el parece tener ya bien más de 20 años, pero bueno – pienso -, el Vaticano en estos días entra por todas partes. Sí los esquizos deliran, pero deliran con la historia .
Por qué querés entrar a un grupo, le pregunto mientras pienso lo difícil que va a ser incorporarlo a un grupo de neuróticos. Soy muy tímido con las chicas, nunca estuve con ninguna. Atrevete, dudo.
El tímido soy yo con esto de cuidar al grupo en su refugio neurótico, en ese teatrito de las representaciones. La cita otra vez: “Evitar la doble ignominia del erudito y del familiar”.
Al final termino sosteniendo a un grupo que sea: como uno, familiar, inteligente, churro, donde nos mostramos y nos pavoneamos con nuestros respectivos saberes y así transitamos un análisis sin riesgo. Bueno, me mando. Llamame la semana próxima que hablo con el grupo.
Abrir, intensificar, arriesgar sin fragilizarse tanto, el arte y la política para evitar al derrumbe. Esas parecen ser las enseñanzas que el contagio del pensamiento de Deleuze va imprimiendo en los clínicos que nos asomamos a su lectura y a las derivas que nos propone.
Textos citados
Carrera, Arturo. Ensayos murmurados, Ed. Mansalva, Buenos Aires, 2009. Polack J., Sivadon, D . A intima Uttopia, en proceso de edición.
Gilles Deleuze Biografía y Bibliografía [1]
Biografía
Gilles Deleuze (París, 18 de enero de 1925 – París, 4 de noviembre de 1995), asistió al Liceo Carnot durante la segunda guerra mundial. Durante la ocupación nazi su hermano mayor fue arrestado por su participación en la resistencia francesa y murió durante su traslado a un campo de concentración. Entre 1944 y 1948, cursó sus estudios de filosofía en La Sorbona. Algunos de sus profesores fueron Ferdinand Alquié, Georges Canguilhem, Maurice de Gandillac y Jean Hyppolite.
Deleuze enseñó en varios colegios hasta 1957 cuando comenzó a trabajar en La Sorbona. En 1953 publicó Empirismo y subjetividad, un ensayo sobre el Tratado sobre la naturaleza humana de Hume. En 1956 se casa con Denise Paul Grandjouan. Entre 1960 y 1964 trabajó en el CNRS, periodo en el que publicaría Nietzsche y la filosofía (1962) y comenzaría su amistad con Michel Foucault.
De 1964 a 1969 fue profesor en la Universidad de Lyon. En 1968 publicó Diferencia y repetición y Spinoza y el problema de la expresión.
En 1969 fue nombrado en la Universidad de París VIII donde trabajaría hasta su retiro de la vida universitaria en 1987. Allí trabajó con Foucault y conoció a Félix Guattari, un psicoanalista heterodoxo, con el cual comenzaría una larga y fructífera colaboración, que se cristalizó en los dos volúmenes de Capitalismo y esquizofrenia: El Anti-Edipo y Mil mesetas. A raíz de esta colaboración es que aparece la famosa declaración de Deleuze en la que se establece que «Lo que define a un sistema político es el camino por el que su sociedad ha transitado”.
«Un día, el siglo será deleuziano», fue la expresión de Michel Foucault en relación a un filósofo que marcó profundamente el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX. «La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar los conceptos», dirá el propio Deleuze en Qu’est-ce que la philosophie ? (¿Qué es la filosofía?).
Dentro de la política, Deleuze es considerado un filósofo anarquista, o como un marxista en su sector más libertario. Como narró Jacques Derrida, pese a las críticas que Deleuze hizo a los marxistas, Deleuze nunca dejó de considerarse a sí mismo un marxista, además veía imposible hacer filosofía política sin centrarse en el análisis del capitalismo. Al final de su vida Deleuze preparaba un escrito inconcluso titulado La grandeur de Marx. Más específicamente, su anarquía adquiere sentido cuando vemos que su obra es una lucha constante contra el poder dicotómico del arjé [2].
“La anarquía y la unidad son una sola y misma cosa, no la unidad de lo Uno, sino una más extraña unidad que sólo se reclama de lo múltiple”.
Gilles Deleuze, Mil mesetas
En sus últimos años de vida, Deleuze sufrió de una grave insuficiencia respiratoria. Se quitó la vida el 4 de noviembre de 1995 lanzándose al vacío por una ventana de su apartamento en la Avenue Niel.
Bibliografía
Empirismo y subjetividad (1953) Nietzsche y la filosofía (1962)
La filosofía crítica de Kant (1963) Proust y los signos (1964) Nietzsche (1965)
El bergsonismo (1966)
Presentación de Sacher-Masoch (1967) Spinoza y el problema de la expresión (1968) Diferencia y repetición (1968)
Lógica del sentido (1969)
Spinoza: Filosofía práctica (1981)
Francis Bacon: Lógica de la sensación (1981) Cine-1: La imagen-movimiento (1983)
Cine-2: La imagen-tiempo (1985) Foucault (1986)
Pericles y Verdi (1988) El Pliegue (1988) Crítica y clínica (1993)
Obras escritas en colaboración Con Félix Guattari:
El Anti-Edipo (1972)
Kafka. Por una literatura menor (1975) Rizoma (Introducción) (1976)
Mil Mesetas (1980)
¿Qué es la filosofía? (1991) Con Carmelo Bene:
Superposiciones (1979)
Con Claire Parnet:
Conversaciones (1977)
Notas
[1]Texto extraído de es.wikipedia.org/wiki/Gilles_Deleuze
[2]“El principio (arjé) de todas las cosas es lo indeterminado ápeiron”,
Anaximandro de Mileto (610 – 546 a.C).