Senicidio Libertario

«No podés hacer un omelette sin que se rompan un par de huevos». Liliana Adela Bolukalo Lemoine (alias Lilia Lemoine”), justificó con esta frase que el fotoperiodista Pablo Grillo haya sido fusilado con una granada de gas lacrimógeno, durante el operativo para reprimir la marcha de apoyo a los jubilados –y a los jubilados mismos- el miércoles 12 de marzo pasado. Estas palabras no son de extrañar, dado los antecedentes de esta diputada, que es, además, cosplayer, maquilladora y ha sido compañera de aventuras del General Ancap (anarcocapitalista) Javier Gerardo Milei.

Lemoine, en mayo de 2020 -al comienzo de la pandemia por COVID-19-, propuso en su canal de YouTube que personas infectadas por el virus tosieran sobre una mesa, para que luego otras no contagiadas «chuparan» esa superficie y así determinar si el contagio se producía. Terraplanista declarada, se sospecha de ella –a partir de sus dichos- que aboga por el senicidio, para que el Estado no tenga que pagar los gastos que generan los ancianos. Esto consiste en el abandono hasta la muerte, el suicidio o el asesinato de personas ancianas. Otros huevos que hay que romper para hacer el omelette que tiene en mente. Pero ella funciona como un “estómago resfriado” del gobierno libertario. Floja del mecanismo de la represión psíquica, tanto como del sublimatorio, agarrada con alfileres del orden simbólico, una ideología como la libertaria le permite la libre expresión de sus impulsos. Tanto como a Javier Gerardo y a la troupe que lo acompaña. Lemoine es representante representativa de un gobierno que debe tomarse muy en serio, dejando de lado la tentación de psicopatologizarlos o de tomar a la risa (que, ciertamente, la provocan), disparates que no son tales. Porque son como aprendices de brujo de regímenes fascistas y nazis –que parecían haber obtenido su correspondiente certificado de defunción-, haciendo ingresar restos de éstos a la ultraderecha libertaria que lidera Milei, y creando así una suerte de Frankenstein. Cuestión que –a su vez- llama a no confundir de qué se trata la cosa: está bien hablar de fascistas, pero sin perder de vista que son sólo aspectos del fascismo. No es un régimen fascista. Y no son nazis, aunque la misma Lemoine tenga amigos que adhieren explícitamente al nazismo.

Este Frankenstein está también conformado por ideas eugenésicas –como el citado senicidio- dirigidas a todos aquellos a quienes no se los considera “gente de bien”. La lista es amplia: además de los jubilados, incluye a “los zurdos”, investigadores, docentes universitarios, empleados públicos, colectivo LGTBI+, artistas en general que cuestionen el régimen (¿habrá quienes no lo hagan?), etc. Forman parte de los Orcos (notable expresión del ex presidente Macri). Para ellos no habrá lugar, tienen en la punta de la lengua que deben ser exterminados, como los ancianos. También los pacientes oncológicos entran dentro de esta categoría: se cierran servicios, se despiden especialistas, se les restringe el acceso a sus medicamentos. Todos estos son considerados “gastos” que el Estado debe ahorrarse. Hay que recordar que, con este argumento, a principios del siglo XX, se originó la idea moderna de eugenesia, que alcanzó su cenit en la Alemania Nazi.

Este régimen ultraderechista anarco capitalista, liberal libertario… en fin, un menjunje difícil de elucidar, sí tiene actos que son claros y que muestran una tendencia a hacer depender absolutamente todo de resultados económicos –de lo único que habla Milei en sus discursos es de números-. Por eso la justicia social también forma parte de lo que debe ser excluido. Es un “gasto” que debe evitarse.

La siniestra motosierra es utilizada para desmembrar el cuerpo social, a no dudarlo. Esa es la idea central. Y algo que puede espantar y de lo que se habla poco: este gobierno es representante representativo de buena parte del colectivo, sobre todo jóvenes y varones. Sus acciones tienen consenso en una parte importante de la población.

Todo esto promueve, en el resto de la misma, el temor a pasar a formar parte del objetivo exterminador de este régimen. Por lo tanto, generando un estado de vivir bajo amenaza, y así, conseguir obediencia. Sandor Ferenczi sostenía que, en situaciones traumáticas (como lo es el vivir bajo amenaza), puede producirse una identificación con el agresor: detestar lo que éste detesta para, identificado con éste, salvarse. La actitud de resignación aceptada por empleados públicos sometidos a pruebas de idoneidad, aceptándolas sin oponerse a las mismas, bajo el temor de ser cesanteados, es un claro ejemplo de esto: el miedo termina por hacer aceptar –no sin sufrimiento- aquello que es impuesto por el poder, bajo amenaza. Y ese gesto de subordinación termina naturalizando y justificando lo sucedido. Más allá de que muchos se hayan opuesto –aunque hayan tenido que aceptarlo para poder sostener su medio de vida- el gesto de aceptación acrítica ha hecho del mismo una justificación de la ideología que promueve este régimen. Claro hay algo fundamental: esto va de la mano de la ausencia de un tercero a quien apelar (Ulloa): en este caso, los gremios, la CGT, partidos políticos, etc., que brillaron por su ausencia, dejando en estado de abandono a las víctimas de este abuso. De la mano del cierre de instituciones estatales al servicio del amparo. Así, el acto cruel de goce frente a la desesperación del otro (a quien se la da las espaldas, se lo ignora) no hace más que reproducirse sin obstáculos.

El senicidio es la punta del iceberg de un régimen que intenta todo el tiempo dejar sin tercero a quien apelar a una enorme franja de la población. Un ejemplo claramente visto en el ataque a la jueza Karina Andrade, quien resolvió dejar en libertad a los detenidos sin causa el miércoles pasado.

La creación de un tercero de la apelación, que ponga freno a la pulsión de muerte – que es combustible y al mismo tiempo es promovida por el régimen-, dependerá del colectivo mismo. Los próximos 19 y 24 de marzo serán nuevas oportunidades para poner en juego su fuerza instituyente.